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Bares con historia: los rincones donde los bodegueros riojanos brindan por la vendimia

By Vibrant Rioja Cultura del Vino
Bares con historia: los rincones donde los bodegueros riojanos brindan por la vendimia

Hay algo que los mapas turísticos nunca te van a contar: los mejores momentos vinícolas de La Rioja no ocurren necesariamente en una bodega de diseño ni en una cata con sommelier. Ocurren en una barra de madera gastada, con un vaso de crianza en la mano y un viticultor al lado que te explica, sin que nadie se lo haya pedido, por qué este año la garnacha ha dado mejor que la tempranillo.

Esos lugares existen. Y si sabes dónde mirar, te van a cambiar la manera de entender el vino.

El bar como extensión de la bodega

En La Rioja, la cultura del vino no termina cuando se cierra la puerta de la bodega. Continúa en la taberna del pueblo, en la barra del bar de siempre, en esos locales que llevan décadas siendo punto de encuentro entre generaciones de viticultores. Aquí no hay cartas de vinos plastificadas ni copas de cristal de Bohemia: hay pizarras escritas a mano, barricas reconvertidas en mesas y conversaciones que valen más que cualquier guía especializada.

La relación entre el bodeguero riojano y su bar de referencia es casi tan íntima como la que tiene con sus viñas. Es el lugar donde se celebra una buena cosecha, donde se consuela una helada tardía y donde se debaten, sin ningún protocolo, las virtudes de un vino que aún no ha salido al mercado.

Logroño: el Casco Antiguo como epicentro

Si hay un escenario que resume esta cultura de bar y vino, ese es el Casco Antiguo de Logroño, y más concretamente la famosa Calle Laurel y su entorno. Pero ojo: no te quedes solo con los locales más conocidos por los visitantes de fin de semana. Aventúrate por las callejuelas adyacentes, como la Calle San Juan o los alrededores de la Plaza del Mercado, y encontrarás tabernas donde la clientela habitual lleva décadas siendo la misma.

Bares como Bar Soriano, conocido por sus champiñones a la plancha pero también por ser punto de peregrinación de gente del sector, o La Tavina, donde el vino se sirve a precio de cooperativa y la conversación fluye sin artificios. En estos locales, no es raro compartir barra con alguien que acaba de llegar directamente de su finca en Najerilla o en el Oja.

Haro: la capital de las bodegas también tiene su barra

Haro es, para muchos, la capital simbólica del vino riojano. Sus bodegas históricas —algunas con más de siglo y medio de historia— dan nombre a la llamada Estación Enológica, un barrio donde el olor a madera y vino forma parte del paisaje urbano. Pero la vida de sus gentes no transcurre solo entre barricas.

El Bar La Ampolla o los pequeños locales de la Plaza de la Paz son ejemplos de espacios donde el vino se bebe sin ceremonias y donde es perfectamente normal que el señor de la mesa de al lado resulte ser el enólogo jefe de una de las bodegas más reconocidas del país. En Haro, la humildad del vino bien hecho se traduce también en la manera de tomarlo: sin postureo, con pan y chorizo si hace falta, y siempre con ganas de hablar.

Además, cada 29 de junio, durante la Batalla del Vino, estas tabernas se convierten en el preludio y el epílogo de una fiesta que es, en el fondo, una celebración colectiva de la identidad vinícola riojana.

Pueblos con alma: Briones, Elciego y San Vicente de la Sonsierra

Más allá de las capitales de comarca, hay pueblos pequeños donde las tabernas guardan una autenticidad difícil de encontrar en otro sitio. En Briones, declarado uno de los pueblos más bonitos de España, el bar del pueblo es también el lugar donde se reúnen los socios de la cooperativa local después de la vendimia. Las conversaciones mezclan el precio de la uva con el partido del fin de semana, y el vino que se sirve es, con frecuencia, el de la propia cooperativa.

En Elciego, en la Rioja Alavesa, la presencia de bodegas de renombre internacional no ha borrado la tradición de los bares de siempre. Aquí conviven la modernidad arquitectónica de ciertos proyectos vinícolas con tabernas donde el tiempo parece haberse detenido en los años ochenta, y donde eso es exactamente lo que buscas.

San Vicente de la Sonsierra, con sus viñedos en ladera y su castillo vigilando el valle, tiene también ese tipo de bares donde entras como turista y sales sintiéndote un poco riojano. Los rituales son sencillos: vino de la zona, algo de picoteo y la disposición a escuchar.

Los rituales que ocurren en la barra

Para entender estos espacios, hay que fijarse en los pequeños rituales que los definen. El primero es el txikiteo o chacolí, costumbre compartida con el País Vasco vecino: ir de bar en bar tomando pequeñas cantidades de vino, sin prisa, con la misma cuadrilla de siempre. En La Rioja esta tradición tiene sus propias variantes, más centradas en el vino tinto y en los pinchos locales que en otras bebidas.

Luego está la costumbre de pedir por el nombre: no se pide «un tinto», se pide por la bodega o incluso por la finca. Es una forma de demostrar conocimiento, pero también de rendir un pequeño homenaje al trabajo de quien ha elaborado ese vino. En los bares frecuentados por gente del sector, este gesto no pasa desapercibido.

Y finalmente, el ritual más importante de todos: la conversación. En estos locales, el vino es un pretexto para hablar de la tierra, del clima, del futuro de la viticultura. Es donde se forjan alianzas entre bodegas, donde se comparten secretos de elaboración y donde los jóvenes enólogos aprenden más que en cualquier curso de formación.

Cómo encontrar estos lugares (sin que te lo digan)

La mejor manera de dar con las tabernas auténticas de La Rioja es, paradójicamente, no buscarlas activamente. Pregunta en tu alojamiento, fíjate en dónde comen los trabajadores de las bodegas a mediodía, o simplemente camina por el centro de cualquier pueblo vinícola a última hora de la tarde y sigue el sonido de las conversaciones.

Evita los locales con menús traducidos a varios idiomas en la puerta y busca los que tienen la carta escrita en una pizarra o, mejor aún, los que directamente no tienen carta. En esos sitios, el camarero te dirá lo que hay y tú, si eres listo, pedirás lo mismo que el de la barra de al lado.

La Rioja es generosa con quien llega con curiosidad y sin prejuicios. Y sus tabernas, más que cualquier ruta oficial, son el lugar donde esa generosidad se sirve copa en copa.