La Rioja en diciembre: por qué el frío es la mejor excusa para visitarla
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Hay algo que los riojanos saben y que muchos visitantes aún no han descubierto: La Rioja en invierno es una región diferente. Los mismos paisajes que en otoño arden en rojos y dorados se transforman en algo más austero, más honesto. Las cepas sin hojas dibujan geometrías extrañas sobre un suelo que descansa. Los pueblos recuperan su ritmo habitual. Y las bodegas, liberadas de la presión de la vendimia y del turismo de temporada alta, abren sus puertas con una generosidad diferente.
Si estás pensando en visitar La Rioja y tienes el calendario flexible, considera seriamente el invierno. No como segunda opción, sino como primera elección.
Los viñedos en reposo: un paisaje que también merece verse
Hay una tendencia natural a asociar los viñedos con la abundancia: racimos cargados, hojas verdes o rojizas, actividad en los campos. Pero los meses de diciembre a febrero ofrecen otro tipo de belleza, más contemplativa y menos obvia.
Las cepas viejas —algunas con más de ochenta años— muestran en invierno su arquitectura real: troncos retorcidos, nudosos, que parecen esculturas naturales sobre un fondo de tierra arcillosa. Caminar entre viñedos en esta época es una experiencia casi meditativa. No hay nadie. El silencio solo lo rompe el viento del norte que baja de la sierra de la Demanda.
Algunas bodegas como Marqués de Murrieta en Ygay o López de Heredia en Haro organizan visitas invernales específicas donde los guías tienen más tiempo para explicar, los grupos son más pequeños y la cata final se celebra junto a una chimenea. Es, sin exageración, una experiencia más personal que cualquier visita en plena temporada.
Catas junto al fuego: el ritual invernal de las bodegas riojanas
En invierno, las bodegas riojanas recuperan una dimensión que el turismo masivo a veces diluye: la intimidad. Con menos grupos y más tiempo, los bodegueros pueden sentarse contigo, contarte la historia de una añada concreta, sacar botellas que normalmente no aparecen en el catálogo de visitas.
El formato de cata junto a la chimenea se ha convertido en una propuesta habitual en varias bodegas de La Rioja Alta y La Rioja Alavesa. En la zona de Laguardia, varias bodegas integradas en el casco histórico medieval ofrecen catas vespertinas donde el vino se sirve con temperatura ambiente real —no la del aire acondicionado del verano— y los aromas se despliegan de otra manera.
Si quieres organizar una experiencia así, lo mejor es contactar directamente con las bodegas con antelación. En temporada baja, muchas adaptan el programa a tus intereses de forma que en verano sería imposible.
Mercados navideños y gastronomía de temporada
Logroño se transforma en diciembre. El mercado navideño de la Plaza del Mercado reúne productores locales, artesanos y puestos de comida que concentran lo mejor de la despensa riojana: embutidos de la sierra, quesos de oveja de los Cameros, conservas de verdura de la Ribera, vinos de pequeños productores que no llegarás a encontrar en ninguna tienda de fuera de la región.
Pero más allá de la capital, los mercados de pueblo tienen un encanto que merece el desvío. Briones, con su casco histórico declarado Conjunto Histórico-Artístico, organiza un mercadillo navideño en sus calles empedradas que parece sacado de otra época. Nájera y Santo Domingo de la Calzada también animan sus centros históricos con propuestas que mezclan tradición, gastronomía y música local.
En cuanto a la cocina de temporada, el invierno riojano tiene sus propias estrellas:
- Pochas con codorniz: las alubias frescas ya son historia, pero las secas de temporada anterior hacen guisos que se pegan al alma.
- Cardo con almendras: un clásico navideño riojano que no encontrarás fácilmente en ningún otro lugar de España.
- Setas y hongos de temporada: boletus, níscalos y pie azul aparecen en los menús de los restaurantes de montaña con una generosidad que en verano no existe.
Pueblos bajo la nieve: cuando La Rioja parece un cuento
No todos los inviernos nieva en La Rioja, pero cuando lo hace, algunos rincones de la región se convierten en algo irreal. La sierra de la Demanda, que forma el límite sur de la región, acumula nieve desde noviembre en sus cumbres. Pueblos como Viniegra de Abajo, Mansilla de la Sierra o Tobía quedan a veces cortados del mundo durante unos días, con esa quietud que solo existe cuando la nieve lo cubre todo.
Para los viajeros que quieren combinar nieve y vino, la ruta entre Ezcaray —con su estación de esquí de La Rioja, Valdezcaray— y las bodegas del valle del Oja es una opción que pocos conocen. Por la mañana, esquí o raquetas de nieve en la sierra. Por la tarde, cata en una bodega del valle. Por la noche, cena en uno de los restaurantes de Ezcaray con cocina de temporada. Difícil mejorar eso.
Consejos prácticos para el viaje de invierno
Viajar a La Rioja en invierno tiene sus ventajas logísticas, aunque también requiere algo de planificación:
Reserva con antelación pero sin agobios: las bodegas más conocidas siguen teniendo demanda, pero la mayoría tienen huecos que en verano serían impensables. Llama directamente, explica que quieres algo especial y es probable que te sorprendan.
Lleva ropa de abrigo real: los viñedos y las bodegas subterráneas mantienen temperaturas bajas. Un buen abrigo, guantes y botas impermeables no son opcionales.
Aprovecha los menús de temporada baja: muchos restaurantes riojanos ofrecen menús del día extraordinarios entre semana durante los meses de invierno, con platos que no aparecen en la carta de verano.
Conduce con precaución en las zonas de sierra: las carreteras de montaña pueden tener hielo por las mañanas. Consulta el estado de las vías antes de salir.
El invierno como privilegio
Visitar La Rioja en invierno es, en cierta forma, un privilegio que solo conocen quienes se atreven a salir de temporada. Los paisajes son más austeros pero más honestos. La gente tiene más tiempo. El vino sabe igual de bien —o mejor— junto a una chimenea que bajo el sol de agosto. Y la sensación de tener un pueblo medieval casi para ti solo, con la nieve en los tejados y una copa de reserva en la mano, es difícil de superar.
A veces, el mejor viaje es el que nadie espera que hagas.