Verde y vivo: La Rioja en primavera, entre viñedos en flor y cocina de temporada
Hay algo casi mágico en lo que ocurre en La Rioja cuando marzo empieza a ceder terreno a abril. El paisaje, que durante el invierno ha permanecido desnudo y austero, de repente despierta con una energía imparable. Los viñedos se llenan de brotes tiernos, los almendros en flor salpican de blanco las laderas de la sierra y el aire huele a tierra húmeda y promesas. Pero la transformación no se queda en lo visual: en las cocinas de la región, los chefs también cambian de marcha y empiezan a trabajar con lo que la temporada ofrece. Y lo que ofrece es mucho.
El viñedo como protagonista fotogénico
Si alguna vez has pensado en visitar La Rioja para fotografiar sus paisajes, la primavera es, sin duda, el momento más interesante del año. No, no hay vendimia ni hojas doradas, pero hay algo igual de poderoso: la vida que regresa. Las cepas viejas, con sus troncos retorcidos y rugosos, contrastan con el verde brillante de los primeros brotes. La luz de abril y mayo es suave, larga y perfecta para sacar fotos sin el duro contraste del verano.
Zonas como la Sonsierra, con sus viñedos en pendiente y el Ebro al fondo, o los alrededores de Briones y San Vicente de la Sonsierra ofrecen panorámicas que en primavera adquieren una dimensión casi pictórica. Si te mueves hacia La Rioja Alta, los viñedos entre Haro y Santo Domingo de la Calzada también presentan ese contraste entre la piedra centenaria de los muros y el verde nuevo de las hojas. Madruga un poco, busca la luz de primera hora y tendrás imágenes que no parecen de este mundo.
Lo que el mercado dicta, lo que el chef interpreta
En La Rioja, la cocina de temporada no es una moda ni un eslogan de carta. Es una forma de entender el oficio que viene de muy atrás. Y en primavera, los mercados locales se convierten en el mejor termómetro de lo que toca comer. Las espárragos blancos de Tudela —aunque técnicamente navarros, son un clásico de las mesas riojanas— comparten protagonismo con las habitas frescas, los guisantes de lágrima, los ajetes tiernos y, según avanza la estación, las primeras alcachofas.
Los chefs de la región saben leer estos productos y traducirlos en platos que dialogan con los vinos jóvenes y frescos que La Rioja también produce. Un blanco de Viura con crianza en acero, un rosado con cuerpo pero sin exceso, o incluso un tinto joven de Garnacha: estos vinos piden comida ligera, vegetal, con acidez y frescura. Y la cocina de primavera los satisface de maravilla.
En Logroño, restaurantes como La Galería o El Cachivache llevan años trabajando con esta filosofía, actualizando sus menús según lo que encuentran en el mercado de abastos cada mañana. Pero no hace falta quedarse en la capital. En Ezcaray, el restaurante Echaurren —con su propuesta más clásica en el Tradición y su versión más creativa en El Portal— ofrece una experiencia gastronómica que en primavera se apoya en los productos del entorno serrano: setas tardías, hierbas silvestres, verduras de huerta propia.
Festivales y eventos que no te puedes perder
La agenda gastronómica riojana se anima considerablemente en primavera. Uno de los eventos más esperados es la Semana de la Tapa de Logroño, que suele celebrarse en mayo y reúne a los bares del casco antiguo en una competición amistosa por ver quién sorprende más al comensal. Es una oportunidad perfecta para recorrer el famoso Calle Laurel y sus alrededores con una excusa extra.
Más allá de la capital, algunos municipios de la Rioja Alta organizan jornadas de exaltación del espárrago o de las verduras de temporada, con mercados artesanales, catas maridadas y actividades para toda la familia. Conviene revisar las agendas de los ayuntamientos locales y la web del Gobierno de La Rioja, donde suelen publicarse estas citas con antelación.
También es interesante acercarse a algunas bodegas que en primavera abren sus puertas para mostrar el proceso de brotación y los trabajos de poda tardía. No todas lo hacen, pero cada vez más propuestas de enoturismo incluyen visitas guiadas al viñedo en esta época, combinadas con catas de vinos jóvenes o de añadas recientes. Es una forma muy diferente —y muy honesta— de entender cómo nace un vino.
Maridajes de primavera: ligereza y frescura ante todo
Si hay una lección que la gastronomía riojana de primavera enseña, es que no todo tiene que ser un reserva de largo recorrido. La estación invita a explorar el catálogo más fresco de las bodegas: blancos con carácter, rosados con personalidad y tintos jóvenes que se beben con alegría y sin ceremonias.
Un menú de primavera podría arrancar con unos espárragos blancos con vinagreta ligera y un blanco de Maturana Blanca, una uva autóctona riojana que pocos conocen pero que merece toda la atención. Seguir con unas habitas salteadas con jamón y un rosado de Garnacha. Y cerrar, por qué no, con un cordero lechal —que en primavera está en su mejor momento— acompañado de un Crianza de la zona de Rioja Alta. Sencillo, redondo y completamente riojano.
Consejos para organizar tu visita de primavera
Viajar a La Rioja en primavera tiene varias ventajas prácticas que conviene tener en cuenta. Primero, hay menos saturación turística que en septiembre, cuando la vendimia atrae a miles de visitantes. Eso significa más tranquilidad en las bodegas, más disponibilidad en los restaurantes y precios de alojamiento más razonables.
Segundo, el clima es variable pero generalmente agradable. Las mañanas pueden ser frescas, especialmente en la sierra, así que conviene llevar capas. Las tardes de abril y mayo suelen ser espléndidas para pasear entre viñedos o sentarse en una terraza con una copa en la mano.
Tercero, reserva con antelación en los restaurantes más demandados, especialmente si quieres ir en fin de semana. La Rioja es una región pequeña pero con una oferta gastronómica que ha ganado mucho reconocimiento en los últimos años, y los mejores sitios se llenan.
Y por último: deja espacio para la improvisación. Algunos de los mejores momentos en La Rioja llegan sin planificar: una bodega familiar que no aparece en ninguna guía, un bar de pueblo donde el vino se sirve directamente de la cuba, un mercadillo de productores locales donde acabas comprando más queso y embutido del que puedes llevar en la mochila. Eso también es La Rioja. Y en primavera, tiene un sabor especial.